Médico escribe poemas para aliviar el dolor de los pacientes y de sus familiares

Carlos “Pecas” Soriano escribe, desde hace más de 20 años, sus poemas en un pizarrón de la salita contigua a la terapia intensiva del Hospital de Urgencias. Mañana disertará en el TEDxCórdoba.

Lucía González | lgonzalez@lmcordoba.com.ar

“Pensar con el alma y no tanto con la razón científica”. Así define Carlos “Pecas” Soriano, médico emergentólogo del Hospital de Urgencias, la misión de sus poemas.
Y es que, en medio de tanto dolor como el que se vive a diario en la sala de terapia intensiva que más heridos producto de choques viales recibe en Córdoba, se pueden ver las palabras de aliento de este médico y artesano de las palabras.
“-En la cima del árbol, justo al borde del verde, -en donde empieza el aire-, hay un ruiseñor en concierto”.
Todo comenzó en 1990, un martes, cuando se le ocurre borrar lo que estaba sagradamente escrito en el pizarrón de la salita contigua a la terapia intensiva y escribe un poema suyo, “para probar”.
“En esa salita de dos por dos se dan los informes médicos a las familias, se realizan reuniones médicas y se comparte un café. Siempre hubo colgado un pizarrón de los negros, totalmente gastado, donde se anotaban cuestiones cuasi sagradas para los médicos, como las reuniones científicas o fórmulas básicas. Un día borré todo y escribí unas líneas de mi propia autoría. Fue crucificado por mis colegas”, cuenta Pecas, entre risas.
Dos años duró la resistencia del resto de los médicos. Cumplido ese tiempo, las miradas fueron cambiando. “Notaba un brillo distintos cuando leían mis líneas. Cuando atendía en la sala de terapia intensiva, siempre les susurraba a los pacientes al oído algunos de mis poemas, para que la terrible situación de estar internado, adolorido, muchas veces con la sola compañía de otros enfermos, no fuera tan dura”, dice Pecas.

El caso de Iván
En el año 93, el Hospital de Urgencias recibió a un paciente accidentado en motocicleta. Muy malherido. Se llamaba Iván.
“Estaba muriéndose irremediablemente”, cuenta Pecas. “Le leía poemas al oído y después le comunicaba a la familia que era cuestión de horas. Pero le seguí leyendo”.
Milagrosamente, Iván se salvó. “A los cuatro meses salió del hospital y como a los seis volvió con un poema bajo el brazo. Al año siguiente retomó sus estudios y a los seis
años se recibió de médico”.
Hoy, Iván es compañero de Pecas en el Hospital de Urgencias. “Es como un hermano”, concluyó Pecas.

Durante todos los martes por casi dos años, Soriano iba a la salita, borraba las indicaciones médicas del pizarrón y escribía palabras de aliento. Todos los martes, por dos años.
A los tres años, los poemas ya no se borraban ni se reemplazaban por las anotaciones médicas. De hecho, colegas de otras áreas del Hospital iban a la salita a copiar las palabras de Soriano. A los tres años y medio, la resistencia finalmente cesó y su propio jefe de área lo impulsó a publicar sus escritos.
“Allí publiqué mi cuarto libro ´Urgencias del Pizarrón´ un libro de hojas negras con letras blancas, como el pizarrón de la salita. Esto fue en 1994”, recuerda Pecas y asegura: “El personal médico piensa con el alma. La razón ha sido finalmente vencida y la mirada es ahora más holística, más humana”.

 

Fuente: La MAÑANA DE CÓRDOBA

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